lunes, 20 de abril de 2015

Miguel Hernández Gilabert

Miguel Hernández Gilabert 


                                     


( Imagen en http://www.cervantes.es/bibliotecas_documentacion_espanol/biografias/manila_miguel_hernandez.htm)


El día 30 de Octubre de 1910 nació en Orihuela Miguel Hernández, un poeta y pastor miembro de una familia humilde y dedicada al ganado. Concepción Gilabert Giner, su madre y Miguel Hernández Sánchez, su padre, tuvieron siete hijos, de los cuales sobrevivieron cuatro: Elvira, Vicente, él y Encarnación.

Miguel estudió hasta los 15 años, cuando pasó a dedicarse al pastoreo. Entonces, empezó a leer y escribir sus primeras poesías mientras cuidaba del rebaño de su padre.

Más tarde, conoce a Luis Almarcha, un canónigo con el que mantuvo una amistad, entonces fue cuando se fundamentaron en él maestros como: Cervantes, Lope de Vega, Garcilaso de la Vega, Góngora, Calderón de la Barca, y muchos autores más.

Cada vez más, su personalidad se formaba en base a su interés e iba orientando su vida. Miguel buscaba una oportunidad de crecer culturalmente por lo que decidió viajar hasta Madrid y poder así probar suerte con la literatura. Ya allí, empezó a escribir poesía, la cuál se publicó en muchos periódicos. Tiempo después, alcanzó la publicación de su primer libro Perito en lunas.
Publicó también otras obras muy populares como son El silbo vulnerado, El rayo que no cesa, El hombre acecha y Cancionero y romancero en ausencias. Tanto en su manera de entender la vida como en la propia poesía influyeron, Pablo Neruda, Rafael Alberti y Vicente Aleixandre.

Cuando en 1936 llega la Guerra Civil, Miguel actúa como poeta y soldado, decantándose por el bando republicano. Un año más tarde del inicio de la contienda, el poeta se casa con Josefina Manresa.




(http://www.popularlibros.com/materias/libros-miguel-hernandez-poesia-centenario/538/)



Al poco tiempo y debido a sus ideales, fue encarcelado marcando los años más tristes, además de incurables, de su corta vida. Su segundo hijo, Miguel Manuel, falleció mientras su padre estaba en la cárcel. Desde allí, le fabricaba juguetes de madera y más tarde le dedicó las famosas Nanas de la Cebolla. 

También atravesó unos momentos muy amargos cuando su querido amigo Ramón Sijé murió, dedicándole su poema más conocido, La Elegía.

Por encima de lo que pensaba fue un gran poeta además de sencillo, fuerte y libre a pesar de las cadenas y circunstancias que atravesó. Vivió y murió rápida, valiente e intensamente.

''No hay sensibilidad que pueda permanecer impermeable al enérgico valor de sus versos y el motivo no es otro que haber sabido, como hombre y como poeta, sentir y transmitir los hondos latidos de la vida''


 Fuentes consultadas: 
El silbo del Dale,                                                               
  Miguel Hernández para niños y
 Miguel Hernández breve antalogía poética.


Selección de textos

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

(Nanas de la Cebolla en, Cancionero y romancero en ausencias)

  Está dedicado a su segundo hijo (el primero murió con pocos meses), Manuel Miguel, y guarda en cada palabra una desesperación curada únicamente por el anhelo de verle. Josefina le habla tras carta de su pobreza y de que ella y su hijo sólo tienen para comer pan y cebolla. Miguel Hernández, desde su celda, le respondería poco después con estos versos.                        

                                         

Yo quiero ser llorando el hortelano

de la tierra que ocupas y estercolas,

compañero del alma,tan temprano.

Alimentando lluvias,caracoles

Y órganos mi dolor sin instrumento,

a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.

Tanto dolor se agrupa en mi costado,

que por doler me duele hasta el aliento.

(La Elegía en,El rayo que no cesa)

En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
tanto quería.




Tus cartas son un vino
que me trastorna y son
el único alimento para mi corazón.

Desde que estoy ausente
no sé sino soñar,
igual que el mar tu cuerpo,
amargo igual que el mar.

Tus cartas apaciento
metido en un rincón
y por redil y hierba
les doy mi corazón.

Aunque bajo la tierra
mi amante cuerpo esté,
escríbeme, paloma,
que yo te escribiré.
Cuando me falte sangre
con zumo de clavel,
y encima de mis huesos
de amor cuando papel.
 
(Tus cartas son un vino, Poesias sueltas )

A su Josefina adorada






Selección de imágenes


                                                  

(http://cvc.cervantes.es/literatura/escritores/m_hernandez/bibliografia.htm)
                             




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